El potencial de los mentores en revertir situaciones de riesgo de los adolescentes

16 febrero 2017

El artículo analiza la experiencia de distintos jóvenes en distintos programas de mentoría. La autora recoge que no todos los enfoques en la mentoría tienen el mismo impacto. En Estados Unidos, aunque los inicios de los programas de mentoría datan de principios del siglo XX, el interés en el foco de intervención se ha incrementado a partir de los años noventa.

Los programas de mentoría no sustituyen el apoyo familiar o comunitario, sino que son una pieza más el puzle hacia una inclusión social plena. Desgraciadamente, muchos adolescentes no consiguen o no tienen mecanismos para tejer este tipo de relaciones de apoyo con adultos debido a cambios familiares, la exigencia del trabajo de los padres y madres, etc. Estos contextos de cambio a nivel económico, social y/o cultural aumentan el índice de vulnerabilidad de muchos adolescentes.

Numerosos investigadores sobre la resiliencia y contextos de riesgo han subrayado la influencia de las relaciones de apoyo entre jóvenes y adultos (Masten & Coatsworth, 1998; Garmezy, 1985; Werner & Smith, 1982). Muchos estudios refleja la influencia positiva de la mentoría en la mejora de las relaciones familiares, en los resultados académicos, en la autoestima y en la  reducción de la reincidencia en acciones delictivas y en el abuso y consumo de sustancias.

Para conseguir estos efectos, estimar la duración de la relación entre mentor y mentorado dentro del programa es de vital importancia, señala Rhodes. Se ha comprobado que aquellas que han durado como mínimo un año ha tenido impactos positivos en los resultados académicos, psicosociales y de comportamiento del adolescente. Según Rhodes, los efectos de la mentoría se empiezan a reflejar a partir de los seis meses. Así, el abandono del programa antes de tiempo puede tener consecuencias negativas en el adolescente. Estos abandonos del programa pueden ser consecuencia de que, por ejemplo, los voluntarios no tengan el tiempo suficiente para las demandas de la mentoría, por falta de formación o problemas logísticos, o  por falta de un seguimiento adecuado de los mentores. También es clave la evaluación de los programas de mentoría, en su diseño, su monitoreo y control. La autora recoge la importancia de implementar adecuadamente los programas y evaluarlos, así como también ampliar los esfuerzos de reforzar el cuidado de los adolescentes en los ámbitos familiares, escolares y comunitarios.

Fuente:

Rhodes, J. (2001). ‘Youth Mentoring in Perspective’, The Center Summer. Republished in the encylopedia of informal education.

Disponible en:

http://www.infed.org/learningmentors/youth_mentoring_in_perspective.htm

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