Estado de Alarma, Educación y Mentoría Social

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Por Equipo de Mentoría de SOS Racismo Gipuzkoa

Los proyectos de mentoría social, y más específicamente los que llevamos a cabo con menores en situación de mayor riesgo, tienen una relación muy directa con los centros de enseñanza en diferentes fases del programa.

Estos centros tienen entre sus objetivos el de favorecer oportunidades equivalentes de aprendizaje y desarrollo personal y social. Cuando no es así, el espacio escolar puede reproducir y agudizar las desigualdades. Pero cuando la escuela cumple con su papel favorecedor de la inclusión de todos y todas las niñas que la conforman, entonces se convierte en un espacio que facilita ese desarrollo y que consigue paliar, en parte, las desigualdades sociales que existen. En muchas ocasiones, la escuela y las actividades extraescolares representan la principal fuente de estructura y sociabilidad de los menores; además de ser las principales proveedoras de muchos servicios esenciales, como son los comedores escolares.

El Estado de Alarma decretado el día 14 de marzo de 2020 afectó directamente no sólo a las relaciones de mentoría, sino también a las coberturas básicas que las familias de los y las mentoradas recibían (alimentación, relaciones sociales, conciliación, mayor riesgo de precariedad, etc.). Tal y como afirma la Unesco, «el cierre de las escuelas agrava las desigualdades en la educación y afecta de manera desproporcionada a los niños y jóvenes más vulnerables», entre los cuales un buen porcentaje está representado por la infancia de origen inmigrante. El papel inclusivo que puede llegar a cumplir la escuela ha sido relegado a los padres, madres y tutores que, en muchos casos, carecen de los recursos necesarios –capital social, cultural, lingüístico o recursos materiales– para generar aprendizaje y acompañar a sus hijos e hijas en el proceso formativo.

La educación online es una solución diseñada para familias con determinadas condiciones materiales, personales y familiares, tiempo y formación suficientes como para llevarla a cabo. Estos diferentes puntos de partida conllevarán claramente a diferentes consecuencias educativas y sociales.

La brecha digital se suma a esas diferentes condiciones de partida. Muchas familias carecen de ordenadores u otros dispositivos electrónicos y, en muchos casos, tampoco cuentan con una conexión internet. A esto se añade que, en familias con más de un hijo/a en edad escolar, o en familias monoparentales, la necesidad de ordenadores aumenta, aspecto que empeora en el caso en que los padres/madres lo necesitan para realizar el teletrabajo. La brecha digital se ve amplificada a veces por la falta de habilidades tecnológicas y digitales de los padres y/o madres, que encuentran dificultad a la hora de gestionar los deberes que llegan a través del correo electrónico o que los profesores cuelgan en plataformas virtuales.

El confinamiento requiere como nunca de la complicidad de las familias en el proceso de aprendizaje. Desafortunadamente, el seguimiento por parte de los padres y madres sobre las tareas escolares no siempre es posible. Muchas familias trabajan en situaciones precarias y en duras condiciones que conlleva el pasar muchas horas fuera de casa impidiendo poder realizar un seguimiento de sus hijos, no sólo en las tareas escolares, sino también en mantener una rutina diaria tan necesaria en la estructura de los y las niñas.

Por otro lado, la otra gran dificultad son las situaciones de precariedad y malestar que están sufriendo muchos hogares, no solamente por la emergencia de salud, sino también por la inestabilidad habitacional, económica y laboral. La pérdida de empleos, en muchos casos irregulares, conllevan preocupaciones y dificultades que repercuten en la posibilidad de seguimiento de los hijos/as y genera estrés y tensión en el ambiente familiar, con las consecuencias que esto conlleva para el bienestar de los y las niñas y las posibilidades de concentración e interés para los estudios. Esta concentración también se ve dificultada por las condiciones de algunas viviendas que carecen de luz natural, espacios amplios y privados, compartidos con otras personas o, en el peor de los casos, cuando la familia vive en una habitación.

La brecha educativa está causada también en parte por las dificultades lingüísticas de muchos niños y niñas de origen migrante. En Euskadi, la mayoría de las familias de origen migrante no hablan ni entienden el euskera por lo tanto les resulta imposible ayudar a sus hijo/as con las tareas escolares. A esto se añade que estos niños y niñas pierden la oportunidad de estar en contacto con este idioma tan necesario para su inserción socioeducativa y laboral.

Esta crisis sanitaria ha visibilizado la importancia de la institución escolar y de todos los servicios complementarios para fomentar una relativa igualdad de oportunidades educativas y, por lo tanto, una menor exclusión social futura. Pero, por otro lado, ha visibilizado la brecha social que respalda la brecha educativa y que demuestra el impacto del origen social, étnico y cultural en el logro y continuidad formativa.

En esta realidad, la importancia de los proyectos de mentoría con menores en edad escolar adquiere una dimensión aún mayor. En la situación descrita, la presencia de una mentora o mentor que acompaña, que escucha, asesora, comparte, socializa con el niño o la niña hemos constatado que se convierte en un servicio de mayor calado. En los dos meses en los que hemos tenido que estar aislados/as, el mantenimiento de ese hilo con “el mundo exterior” a través de esta persona de confianza ha supuesto para los niños/as, poder exteriorizar su angustia, compartir sus dudas, exorcizar los miedos.

El mantenimiento de la relación en la distancia (a través de llamadas o videos llamadas) ha supuesto una pequeña tabla de salvación y para las madres, en algunos casos, una tranquilidad en medio de tanta desazón. Una madre nos lo explicaba así:

“De hecho, le veo y están dos horas hablando, juegan. A nivel emocional para él es de gran satisfacción. Siempre me pregunta, “¿te ha llamado María?, ¿puedo hablar con ella?”. Me ha ayudado mucho; agradezco enormemente su tiempo para poder hablar con él, porque me apoya mucho, para que tenga la mente en otras cosas o hable con ella de cosas que a lo mejor a mí no me cuenta, o el simple hecho que tenga una videollamada con alguien con quien tiene una cierta amistad, con alguien de aquí. Tuvo su cumpleaños hace una semana y María le llamó y fue muy bonito para él. Su apoyo es enorme”.
(Cintia, madre de un niño mentorado de 12 años dentro del proyecto Urretxindorra)

Si bien las diferentes brechas que hemos descrito anteriormente no desaparecen con la mentoría social, el mantenimiento y apuesta por este servicio va directamente en la dirección de esos apoyos tan estratégicamente necesarios en esta situación de crisis a las personas en riesgo o en situación de precariedad. Las relaciones de mentoría son una baza estratégica que además apunta en la dirección del conocimiento social de la salud psicosocial que la crisis está dejando en nuestra sociedad. Son un apoyo en un momento en el que nos jugamos el futuro de nuestra sociedad. La mentoría social ha de considerarse como lo que es en la nueva realidad: un valor añadido en su aporte a esa red social que instituciones y entidades debemos crear para que sea cierto “que no dejamos a nadie atrás”.

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