Ser mentor, una experiencia muy enriquecedora

Natalia Tajadura, compañera del Proyecto Ruiseñor/Urretxindorra de la Universidad de Navarra, nos transmite, en este artículo de opinión, su visión más humana de lo que aporta a los mentores y mentoras una relación de mentoría.

El proyecto Ruiseñor/Urretxindorra se enfoca en establecer relaciones de mentoría entre personas universitarias de la Universidad Pública de Navarra activas, entusiastas, cercanas y empáticas y menores de contextos sociales y culturales diversos con el objetivo de reforzar su crecimiento personal y desarrollo social.

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La mentoría, como herramienta para la intervención social, posibilita abrir la mirada a explorar, conocer, compartir, experimentar, intercambiar, sentir, crear, pensar, vivir…, en el marco de una relación de pares que se embarcan en esta aventura. Muchas y muchos de los profesionales que gestionamos proyectos de mentoría social decimos que ésta aporta beneficios para todas las personas que en ella participan.

Y yo, año tras año, me hago la pregunta de cuáles serán, para cada quien, para cada caso… En el inicio del curso, en la fiesta de inauguración, donde las y los jóvenes universitarios conocen a sus pares, a las y los txikis, con quienes compartirán todo el año escolar, me sorprendo pensando en qué se abrirá en cada quién durante la experiencia y qué poso les quedará al finalizar la misma.

“No sabía que en mi entorno había niñas y niños que vivían en estas condiciones” me transmitía muy preocupada una mentora hace unos años. Ella se preparaba para ser maestra y la mentoría le ayudó a conocer de cerca la realidad de personas que viven a nuestro lado, nuestros vecinos y vecinas, pero con quienes, no solo no nos relacionamos, sino que ni de lejos, nos hacemos idea de cómo están, cómo se sienten, qué les preocupa…, qué traen en su herencia vital. Ser consciente de la importancia de incorporar esa mirada compasiva hacia nosotros y nosotras, y hacia quienes nos rodean, fue uno de los aprendizajes vitales de esta mentora.

Creo firmemente en que la mentoría es un incentivo y un apoyo en la vida de mentoradas y mentorados y durante este curso se irá viendo en profundidad cuál es el efecto en los niños, niñas y adolescentes del proyecto Ruiseñor; pero también siento que las y los mentores crecen y se abren a nuevos mundos externos e internos durante la experiencia. Durante estos años he observado como son más conscientes de su mundo emocional, de cómo regularlo; aprenden a respetar los ritmos de otras personas y los suyos propios, desarrollan su creatividad, su comunicación, se cuestionan aspectos de su vida… en definitiva, la mentoría les ayuda en su propio proceso vital.

La mentoría se configura desde la complejidad de una relación profunda, que al mismo tiempo se simplifica cuando el encuentro se da, y en esta situación lo fundamental es estar ahí, estar al lado, y lo demás, de una u otra manera, se irá construyendo.

En este encuentro humano donde prima el respeto a las diferencias, la escucha, las actitudes que facilitan la creación de un espacio donde poder expresar lo que cada uno siente y lo que piensa tiene un efecto sanador que revierte positivamente en quienes participan de esta dinámica. Si el proyecto y el proceso de mentoría social abandera estas cuestiones y es permeable a ellas, su efecto nutritivo en las personas está asegurado.

En todo esto hay un factor que puede jugar en contra y éste es el tiempo. Tiempo que se necesita para crear estas condiciones.

Acompasar los tiempos en un mundo en el que éste es un bien preciado, y a veces inexistente, es complicado, así como aceptar que la mentoría tiene su propio ritmo.

En ambos casos, aprender a gestionar todo esto es un aprendizaje adaptativo para quienes se involucran en un proceso que les ayudará a experimentar cómo crear un vínculo y cómo aprender a despedirse del mismo. Este y otros muchos son los retos que nos planteamos con la mentoría, posibilitando que esta experiencia se concrete desde el “buentrato” en lo personal y en lo relacional y que, además, esto sea integrado como un aprendizaje en las mentoras y mentores.

Me alegra mucho ver como el alumnado que se prepara para desarrollarse profesionalmente en diferentes ámbitos se involucra en la mentoría social, acercándose a realidades sociales y culturales que les enriquecen con otro punto de vista, que amplían su mirada hacia un mundo complejo y desigual y que esta mirada les acompañará en su vida profesional y, años más tarde, influirá positivamente en su desempeño en el campo económico, jurídico, educativo, de ingeniería, social…

Un presente que se visibilizará también en el futuro y que se gesta mientras ellas y ellos acompañan, se acompañan y son acompañados.

Natalia Tajadura Arizaleta

Proyecto Ruiseñor/ Urretxindorra de la UPNA.

 

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