Mentoría para Personas Refugiadas durante el confinamiento – #LaMentoriaNoPara

Abril 2020

La Coordinadora de Mentoria Social (CMS) es la organización que coordina el programa de mentoría grupal dentro del Programa Català de Refugi de la Generalitat. Nuestro rol desde 2017 en dicho programa es generar un modelo de intervención en mentoría adecuado a los objetivos que la Generalitat se plantea trabajar con el mismo y coordinar al equipo que lo implementa.

Hoy hablamos con Mar Avendaño, miembro del equipo de la CMS y Coordinadora Técnica del Programa de Mentoría con Personas Refugiadas de la Generalitat de Catalunya.

 

¿A qué colectivo va dirigido vuestro programa de mentoría?

Nuestro programa va destinado a personas refugiadas, personas que tienen reconocida la protección subsidiaria o solicitantes de protección internacional que están residiendo en Cataluña y que no han alcanzado una plena autonomía. Ofrecemos la mentoría tanto como herramienta de empoderamiento individual como grupal a personas o unidades familiares que, a pesar de tener las necesidades básicas cubiertas, no disponen de una red social amplia o diversa, con falta de referentes propios. Personas que, entre otras limitaciones, conocen poco el entorno o tienen dificultades para participar en él y afrontan en muchos casos un itinerario incierto con transiciones complejas.

 

¿Qué beneficios aporta la mentoría a estas personas?

El objetivo general del programa es acelerar el alcance de una autonomía personal, social y económica por parte de las personas mentoradas, trabajando ejes complementarios y adaptándose a sus necesidades específicas. De los beneficios que les aporta su participación en el programa, algunos son comunes a los proyectos de mentoría, como el refuerzo de su autoestima y la confianza, un mayor bienestar emocional o una ampliación y diversificación de la red social. Otros son más específicos de la problemática propia del colectivo atendido, como puede ser el aprendizaje o consolidación de idiomas, el descubrimiento del entorno cultural, social y económico o el refuerzo en su itinerario profesional.

Tener un grupo de personas que se preocupa por ellas, que les da a conocer el entorno, que las acompaña en momentos y procesos complicados, que aporta recursos e instrumentos para abordar la situación presente y para construir un proyecto personal y profesional de futuro, representa una gran diferencia a la hora de afrontar su establecimiento en el país de acogida. Un establecimiento marcado por unas deficiencias estructurales en las políticas de acogida, un periplo lleno de trabas administrativas y dificultades para acceder a una vivienda y a un trabajo.

 

¿Cómo os afecta y cómo os estáis adaptando a la situación del confinamiento/COVID19?

Como todas, hemos tenido que adaptarnos al teletrabajo, poner en suspenso los encuentros presenciales entre mentoras y mentoradas y cancelar la organización de actividades grupales (excursiones, encuentros de intercambio, formación de personas voluntarias…). En un primer momento, la prioridad ha sido la adaptación telemática de las relaciones de mentoría activas y de su seguimiento y supervisión, para hacer frente al contexto de alarma sanitaria y confinamiento y gestionar las incidencias: asegurarnos que todas las personas que participan en el proyecto están bien, adaptar el marco de la relación (objetivos, frecuencia y contenido de los encuentros) y, como no puede ser de otra manera, aportar recursos a las personas mentoras para afrontar esta situación y ayudar a hacerlo a las personas mentoradas. Recursos orientados a dar respuestas a las preocupaciones y necesidades inmediatas, pero también recursos para reorientar y avanzar telemáticamente en los planes de trabajo de las personas mentoradas.

Hemos realizado una planificación para el período de confinamiento y hemos apostado por, más allá del mantenimiento de las relaciones ya iniciadas, adaptar nuestra intervención para poner el programa como recurso para afrontar esta complicada situación. En este sentido, estamos implementando procesos telemáticos de selección y formación de persones voluntarias y estamos iniciado relaciones de mentoría online para afrontar esta crisis con, eso sí, horizonte de futuro y presencialidad, si ambas partes así lo desean.

 

¿Con qué dificultades os estáis encontrando estos días? ¿Y con qué apoyos solidarios inesperados?

Las dificultades son diversas. Por un lado, no está siendo fácil asegurar la conectividad de las persones mentoradas y en algún caso también de las personas mentoras, aunque con la movilización de recursos esperamos solucionarlo pronto. Más complicado es encontrar alternativas para aquellas personas que, por tener un nivel muy bajo de comprensión del castellano y/o dificultades en el uso de las TIC, no están en disposición de poder aprovechar de la misma manera la mentoría online. En otras ocasiones nos encontramos con personas que no se proyectan en iniciar la relación de mentoría de forma telemática, tanto por parte de las personas voluntarias como de las personas derivadas. Analizamos cada situación y establecemos la actuación que nos parece más pertinente.

Por otro lado, a nivel técnico estamos saliendo de nuestra zona de confort, revisando el modelo de intervención en pocos días, afrontando nuevos retos y generando herramientas y material adaptado al trabajo telemático. Un momento en el que no bajamos los brazos y reforzamos el trabajo en equipo, pero en el que también debemos gestionar las propias emociones y situaciones personales de cada miembro del equipo.

Los apoyos han sido también diversos. Como tantas, hemos podido aprovechar la inmensidad de recursos generados y difundidos estos días. Existe una movilización de muchos actores para compartir, aportar y ayudar a difundir. Pocas veces se gestan sinergias y colaboraciones con tanta agilidad. Esta pandemia nos a confinado, pero en cierta manera también nos ha conectado.

 

¿Qué consecuencias está teniendo la situación actual para las personas mentoradas del colectivo con el que trabajas?

En el programa participan personas mentoradas en situaciones diversas. Algunas están todavía residiendo en centros de acogida, algunas en su propia vivienda o en viviendas compartidas y algunas en soluciones temporales, por lo que la vulnerabilidad a la transmisión de la Covid-19 y la afectación por el confinamiento es también muy diversa. La necesidad inicial más generalizada ha sido el acceso a información sobre el virus y las medidas de higiene y aislamiento en su propio idioma.

En la mayoría de los casos, las personas mentoradas viven sujetas a las exigencias del sistema estatal de acogida para solicitantes de protección internacional y dependen en mayor o menor medida de las ayudas percibidas. En este sentido, sus principales preocupaciones han estado relacionadas a tramites jurídico-administrativos. El Gobierno ha garantizado, por el momento, las ayudas para migrantes y refugiados del sistema estatal de acogida y se ha suspendido temporalmente la obligación de disponer de documentación en vigor para continuar percibiendo ayudas cuando su renovación no sea posible. Sin embargo, y en mayor o menor medida, las personas mentoradas afrontan un nivel de vulnerabilidad, y sobretodo de inestabilidad, que se ve aumentado por la paralización generalizada.

También hay consecuencias positivas. Algunas mentoradas han reforzado su vínculo con sus vecinas y su comunidad. La crisis sanitaria ha generado ciertas ofertas laborales que pueden representar una oportunidad para alguna persona mentorada y, como a todas nosotras, esta crisis también les está servido para aprender.

 

¿Qué consecuencias puede tener a medio-largo plazo?

Se hace evidente que, más allá de la urgencia sanitaria y de tragedia humana que ha provocado el Covid-19, esta pandemia mundial está generando una crisis económica y social que afectará profundamente a las personas en situación de vulnerabilidad y a las organizaciones que trabajan para proteger sus derechos y dar respuesta a sus necesidades. Se hace difícil dimensionarla. Se hace difícil, a día de hoy, estimar cuándo recuperaremos una “normalidad”, saber si las lecciones aprendidas de la crisis financiera de 2008 servirán de algo, conocer sus efectos a medio plazo sobre los flujos migratorios y sobre el sistema estatal de acogida… Pero sí que sabemos que el bloqueo económico y sus efectos incidirán más en las personas que ocupan los estratos más vulnerables de nuestro mercado laboral, entre las que muchas veces se encuentran las personas refugiadas.

 

¿Puedes dar algún ejemplo anónimo sobre alguna situación concreta que os hayáis encontrado estos días?

Nos hemos encontrado con que algunas relaciones han tomado una nueva dimensión gracias a los encuentros telemáticos. Pienso en un tándem que tenia ciertas dificultades para cuadrar las disponibilidades y que, desde el confinamiento, no solo ha reforzado el vínculo, sino también la intensidad de su plan de trabajo. Se han transgredido ciertas barreras que hasta ahora mantenían, como conocer la vivienda de unas y otras o compartir con otros miembros de la familia. Se ha generado una dinámica muy bonita en la que comparten más profundamente.

 

¿Por qué es importante que los programas de mentoría sigan activos durante las semanas de confinamiento?

En primer lugar, para poder dar continuidad a las relaciones ya establecidas y a su seguimiento y supervisión técnica en un momento crucial. Al hablar de mentoría, hablamos de construcción de un vínculo de confianza. Poner las relaciones en suspenso de repente a causa de motivos externos a las partes y en un contexto de alarma como el que vivimos nos parecía irresponsable y poco pertinente.

Precisamente, la situación que estamos afrontado como sociedad ha puesto de manifiesto la importancia del vinculo entre las persones, del sentirse acompañado, del compartir y del ayudar… La mentoría no solo puede ser un antídoto contra el aislamiento, sino que, como herramienta social, puede aportar grandes beneficios y tener un impacto positivo destacado. En este sentido, nos parecía evidente el valor que puede aportar en esta crisis tanto a corto como a medio plazo y, por lo tanto, la necesidad de mantener y reforzar nuestra actividad.

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