Mentoría social para niñas, niños y jóvenes en tiempos de COVID-19 – #LaMentoriaNoPara

Abril 2020

Hablamos con Laura Cardús, Delegada de Acciones Educativas de la AFEV. Queremos saber cómo se está adaptando el personal técnico, el voluntario y las personas mentorizadas a la nueva situación de confinamiento.

¿A qué colectivo va dirigido vuestro programa de mentoría?

A niños, niñas, adolescentes y jóvenes, desde primaria hasta secundaria postobligatoria y, en algunos casos, primer curso universitario. Son personas que han sido detectadas por profesionales de los equipos educativos y que, por su situación particular de vulnerabilidad, pueden tener menos oportunidades que otros (por recientes procesos de migración, precariedad económica en la familia, situaciones particulares de dificultad…) y pueden beneficiarse de un acompañamiento voluntario durante el curso escolar. Sus mentores y mentoras son personas adultas jóvenes.

¿Qué beneficios aporta la mentoría a estas personas?

Tienen el acompañamiento desinteresado de una persona joven que voluntariamente decide pasar un rato semanalmente con ellos y ellas. Esto les permite sentirse apreciad@s, escuchad@s, más válid@s y tener nuevos estímulos y conocimientos. Los tándems (parejas de mentoría) hacen actividades en el marco de la educación informal que, complementando el trabajo que hacen las familias, las escuelas e institutos y, cuando es el caso, otros servicios y profesionales, facilitan una mayor autonomía, autoestima y motivación en los chicos y chicas participantes. Algunos de nuestros tándems hacen, además, actividades artísticas (música, circo, teatro musical) o deportivas (vela, kayak…) que permiten además trabajar otras competencias y que tienen beneficios que se suman a la mentoría.

 

¿Cómo os afecta y cómo os estáis adaptando a la situación del confinamiento/COVID19?

De entrada el vínculo ha tenido que dejar que ser presencial y a pasado a ser virtual, en la distancia y a través de medios digitales. Esto no es fácil para todo el mundo, no solamente por la brecha digital que excluye a una parte de la sociedad de los medios de comunicación digital, sino también por la falta de hábito de algun@s chic@s o la frialdad y distanciamiento que a veces estos suponen.

Como entidad hemos priorizado que se mantengan los vínculos creados previamente, sin ser exigentes en la calidad de las actividades realizadas y con una gran amplitud de miras en cuanto a los formatos, frecuencias, etc., de los encuentros de mentoría. Lo importante es que los tándems se sigan encontrando, que los chicos y chicas se sientan acompañados y que haya siempre alguien ahí disponible para ellos/as. Por este motivo, hemos provisto de recursos y de formación (ideas sobre qué hacer, cómo contactar, como comunicarse en la distancia, etc.) a los mentores y mentoras, y estamos manteniendo contacto con las familias y los mentorad@s que se encuentran en situaciones más difíciles. Evidentemente el equipo sigue haciendo acompañamiento profesional a los tándems para apoyar la acción educativa de la mentoría.

 

¿Con qué dificultades os estáis encontrando estos días? ¿Y con qué apoyos solidarios inesperados?

La principal dificultad es la falta de medios físicos para llevar a cabo el contacto (familias donde solamente hay un ordenador para tod@s, un teléfono que solamente tiene datos, no hay wifi, etc). Esto, obviamente, también añade dificultad en los estudiantes para que puedan seguir, en el caso que lo hagan, las tareas escolares o el contacto con el mundo exterior (otros familiares o amigos), ya que no pueden salir al exterior en ningún caso. Estamos trabajando con la Coordinadora de Mentoría Social para intentar proveer a las familias que se pueda de algún medio para paliar estas situaciones y facilitar que se siga el contacto virtual con el mentor o mentora.

La otra gran dificultad son las situaciones de precariedad y malestar que están sufriendo muchos hogares, no solamente por la emergencia de salud, que también les afecta en algunos casos, sino también por la inestabilidad económica y laboral que ha conllevado y que tendrá efectos a medio y largo plazo.

Lo que más nos sorprendió positivamente al inicio de la cuarentena fue darnos cuenta de que, antes de que ya hubiésemos dado instrucciones sobre cómo proceder a todo el voluntariado de la entidad, muchos y muchas ya estaban, de forma natural, en contacto con sus mentorizad@s, realizando llamadas o chats de forma espontánea, reproduciendo su relación de mentoría. No podemos subestimar la capacidad de adaptación que tienen los chicos y chicas y la naturalidad en que muchos/as emprenden las relaciones digitales.

Por otro lado, también nos gustó ver la reacción de algunas de las personas que no estaban haciendo mentoría en esos momentos, que se volcaron en la entidad ofreciendo apoyar en lo que se necesitara, hacer de mentor@s ad hoc si había alguna baja durante el confinamiento, y creando y compartiendo recursos para distraer, educar e informar a los chicos y chicas en estos momentos. Hay mucho amor y ganas de ayudar, sentirse útil e intentar paliar la catástrofe que esta situación representa para algunos colectivos.

 

¿Qué consecuencias está teniendo la situación actual para las personas mentoradas del colectivo con el que trabajas?

La enorme mayoría son menores de edad, por lo que están confinados/as el 100% del tiempo dentro de sus hogares con sus familias. Las situaciones de precariedad habitacional, económica, laboral o de salud de cada hogar pueden ser diversas. Pero una cosa que sí comparten es que pertenecen en su mayoría a los barrios dónde más fuerte ha pegado el contagio y en los que hay mayores índices de pobreza, economía sumergida e infravivienda. Por lo tanto, sus condiciones de confinamiento están lejos de ser idóneas para su salud mental y física. Esto se traduce en mayor decaimiento, sensación de soledad e incertidumbre, asunción de tareas y roles que no les corresponden por edad y, como consecuencia, menos posibilidades de seguimiento educativo.

 

¿Qué consecuencias puede tener a medio-largo plazo?

En lo que nos afecta como asociación, lo que más nos preocupa es el impacto educativo que va a tener para los alumnos que parten de una mayor vulnerabilidad esta desescolarización y falta de continuidad educativa. Sale a la superficie la importancia de la institución escolar y de todos los servicios complementarios (como los que aportan las entidades del tercer sector) para fomentar una relativa igualdad de oportunidades educativas y, por lo tanto, una menor exclusión social futura. Al final, la crisis sanitaria reportará una crisis social y económica que, a nivel educativo se traducirá en más segregación: los chicos y chicas de clase media o clase alta habrán pasado, quizás, un pequeño bache a causa del confinamiento, mientras que para el resto será un auténtico cataclismo para su éxito escolar.

 

¿Puedes dar algún ejemplo anónimo sobre alguna situación concreta que os hayáis encontrado estos días?

Alumn@s que no tienen los medios para seguir las tareas por no tener conexión a internet desde casa se conectan con sus mentoras por teléfono y éstas pasan los resultados de las tareas a un drive para hacérselas llegar al profesorado.

Voluntariado mentor que trabaja en servicios sociales o sanitarios esenciales y que, igualmente, ha encontrado tiempo en sus agotadoras jornadas laborales para charlar un rato con su mentorizad@ y mostrarle que sigue disponible y que puede contar con él o ella.

Mentorizad@s que tienen a su mentor o mentora indisponible por estar enferm@ (o por tener algún familiar cercano ingresado grave) y que son incluidos por otros tándems en sus encuentros on-line para echar algunas partidas de un juego o charlar un rato.

 

¿Por qué es importante que los programas de mentoría sigan activos durante las semanas de confinamiento?

Tod@s deberíamos poder contar con una red de apoyo que nos permita desarrollarnos dignamente como personas y crecer con salud y oportunidades. La mentoría solamente reproduce relaciones saludables y positivas que son necesarias y se hacen muy importantes en los momentos de transición vital. En un momento de incertidumbre y miedos como el que vivimos son clave los servicios profesionales públicos que tienen que velar para que nadie quede excluido de satisfacer sus necesidades básicas (techo, comida, educación, salud).

Los programas de mentoría, por su lado, ayudan a compensar la falta de red o de recursos propios de la unidad familiar. En un momento así, con un confinamiento tan estricto para los chicos y chicas, una figura externa que devenga un soplo de aire fresco, una ventana al mundo y una fuente de ideas, esperanza y descompresión, nos parece también esencial. Queremos lograr que el impacto para ell@s sea el mínimo posible dentro de nuestras limitaciones y queremos ayudarles a pensar en un futuro brillante y lleno de posibilidades, cuando todo esto termine. También pensamos que, a pesar de que todo en su vida cotidiana ha cambiado –ya no van a clase, no juegan en el parque o en las canchas, no ven a sus amig@s o a sus abuel@s–, hay alguien que sigue ahí y que, justo ahora, no va a dejar de estar disponible.

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